Sombras en el techo

 Sombras en el techo



   La persiana a medio bajar dejaba entrar una tenue luz en la habitación procedente de las farolas de la calle, el techo se iluminaba haciendo correr por él la sonbra del viejo árbol que se encontraba junto a la ventana cada vez que un coche pasaba por la carretera, el único sonido que rompía el silencio de la habitación era la respiración de ella, calmada, rítmica, dándole vida a aquel cuerpo desnudo que dormía placenteramente entre las sudadas sábanas.
    Marcos observó esas sombras en el techo mientras recordaba el mensaje recibido en el móvil hace tan solo unas horas "ven ya, te necesito, es urgente", recordó como el corazón le dió un vuelco allí mismo, dejándolo paralizado en medio de aquel sucio callejón mientras la lluvia le hablaba en morse golpeando con sus gotas su oscuro paraguas; también recordó como había echado a correr tirando el paraguas a un lado cuándo en el segundo mensaje recibido le pedía desesperadamente "por favor, date prisa, ya no se que hacer...", se sintió asustado, aceleró lo que pudo rompiendo bruscamente con sus pasos los charcos del suelo que lanzaban al aire pequeñas lágrimas fangosas hasta que llegó al portal donde Lucía vivía, -¡Sube, rapido!- le contestó ansiosa la voz de ella mientras él se escurría por la puerta subiendo de dos en dos los escalones, su respiración se reveló al esfuerzo haciéndole más costosa la ascensión.
No hacía mucho que estaban juntos, y a veces le costaba entender como la relación había podido llegar a tal calibre, pero ahora no podía vivir sin ella, y pensar que podía estar pasándole algo...
    Llegó al rellano y se paró a recuperar el aliento, vió que la puerta de su casa se encontraba entreabierta, se abalanzó sobre ella abriéndola violentamente y allí se la encontró, apoyada contra la pared, completamente desnuda bajo el viejo gabán que él se había dejado olvidado la noche anterior, con una botella de vino en la mano, ya por la mitad, y una sonrisa picarona en la cara mientras le decía -Valla, pensaba que ya no vendrías...