en blanco

EN BLANC0 (2015)




   Hago un repaso mental mientras me rasco la cabeza viendo como las motitas de caspa gritan "¡libertad!" lanzándose al vacío, - A ver... la casa está recogida, los platos de la cena fregados, mi hija pequeña durmiendo, mis hijos mayores con mi ex a cincuenta kilómetros, mi mujer trabajando de turno de noche en el hospital...- si, parece estar todo en orden por el momento. Me permito el lujo de tumbarme boca arriba en el sofá, la televisión está apagada, no suelo encenderla mucho, tanta gente ahí dentro encerrada y hablando todos a la vez me estresa un poco; por la ventana, y a través de los barrotes que protegen a esta, puedo ver como el cielo se ha convertido en una masa negra (como dirían en la película de Madagascar "incluso ha salido la estrella"), los faros de los coches se escurren cual furiosos gusanos velozmente por la NII, y todo esto reinado por el horrible edificio del hospital con sus ventanas siempre iluminadas (es curioso que viviendo en la acera de enfrente del hospital de mi pueblo, mi mujer y yo tengamos que chuparnos cada día cien kilómetros entre la ida y la vuelta para tener que ir a trabajar a otro hospital, supongo que esto es a lo que llaman una paradoja, yo prefiero llamarlo "una putada", pero bueno, es lo que tiene la riqueza de este idioma).

Me pongo las manos detrás de la cabeza haciendo de almohada, cruzo los pies encima del reposabrazos, la uña del tercer dedo del pie izquierdo me saluda asomándose por un agujero que tiene el calcetín, si mi mujer estuviera aquí me diría -¡Sos un croto, tirá esa media ya, che!-, pero como no está, puedo regalarme al placer de usar un calcetín roto libremente; miro al techo viendo bailar al viento una larga y negra telaraña abandonada hace tiempo por su zancuda inquilina y me lleno los pulmones de ese exquisito aire cargado de monóxido de carbono de todos los coches que pasan junto a mi ventana, excelente, ya he pillado la posturita.

A mi alrededor se encuentra el móvil chupando batería tontamente con el procesador de texto abierto, por otro lado la tablet me observa con mirada rencorosa con el "Jota text" muerto de asco, y en el rincón del comedor el ordenador y la inquisidora presencia del Word no pasa desapercibido, incluso mi pobre libreta abierta por una página en blanco con el bolígrafo encima espera ser mimada esta noche. Intento pensar en algo interesante ¡joder! soy humano, algo interesante tiene que haberme pasado durante el día digno de ser contado, cierro los ojos dejándome envolver por el death metal que suena por los altavoces del equipo estéreo retro (retro porque lo he tenido desde siempre, no porque sea un pijo de esos a los que les ha dado por los ochenta), pero nada, mi mente está como un cubo con una pelota de ping pong botando dentro, absurda; estiro uno de mis brazos y agarro la libreta haciendo rodar el bolígrafo por encima de la mesita, leo y releo una y otra vez los poemas escritos en ella con mi horrible ortografía y con más faltas que el dictado de un niño de E.G.B., la tiro a un lado resoplando con frustración, se escurre por la mesa arroyando a su paso el bolígrafo, los mandos a distancia y una lata vacía de coca-cola que lleva tanto tiempo ahí encima que habíamos empezado a pensar que formaba parte del mobiliario, todo rueda ruidosamente por el suelo, pero no me molesto en levantarme y recogerlo, prefiero que se quede así, desordenado, como lo está mi mente en estos momentos. Es lo que suele pasarme, tengo meses de producción industrial donde escribo poemas hasta dejar todos mis dispositivos y la libreta echando humo, llenando páginas y pantallas de puro vómito regurgitado de mi mente, las letras se entrelazan en palabras que se alargan en frases cortándose en versos... y cuándo estás en toda la cresta de la ola creyéndote el todopodero gran kahuna, la puta ola te lanza taimadamente de boca contra la arena, y entonces llegan esos meses de sequía mental, meses notando como el cerebro se me arruga como una uva pasa, sin letras, ni palabras, ni líneas ni versos, solo la nada, el silencio mental volviéndome loco, el barrer el suelo de mi desolada psique con la inútil esperanza de encontrar alguna idea perdida que me inspire algo, pero no, solo polvo de ese que huele a viejo y cerrado; es entonces cuándo me pongo a releer todo lo que he escrito en el tiempo de las vacas gordas, y empiezo a odiarme a mí mismo, no me gusta lo que escribo, ni como lo escribo, hojas y hojas llenas de palabrería y verborrea sin sentido, cientos de megabites ocupados por textos rancios y vacíos, tanta tinta gastada en garabatos ilegibles, me imagino todas esas líneas escritas como un gran plato de espaguetis pasados y pegados los unos a los otros.

Me levanto sentándome y mirando mi opaco reflejo en la apagada pantalla del televisor, cierro los ojos he intento esnifar la música en una fuerte inspiración que me llena tanto los pulmones como el cerebro de los pesados acordes del "Gothic" de Paradise Lost, pero el intento por calmar el ataque de ansiedad que me produce el sentirme tan inútil no es efectivo, me levanto pateando todo lo que hay por el suelo a mi paso, recojo la libreta mientras pienso en Bukowski, que era capaz de escribir diez o doce poemas al día y un montón de relatos cortos, y cada cual mejor que el anterior, y yo... yo solo sé llenar de tachones una jodida libreta; no recuerdo cuantas libretas llenas de poemas habré tirado a la basura en estos brotes psicóticos literarios que me dan, en más puro estilo Li Po ( bueno, él los quemaba viendo como se los llevaba la corriente del río mientras lloraba el emperador, si, incluso eso es más poético que lo mío, pero bueno, él era Li Po y yo solo un gilipollas). Me acaricio mi pelo rapado al tres escuchando ese suave crujidito que producen los pelos con el frote de la palma de las manos, recojo todo lo que he tirado por el suelo, pongo la libreta con el bolígrafo encima sobre la mesita, me aseguro de que mi hija sigue durmiendo plácidamente, sus pequeños y cortos ronquiditos me lo afirman. Vuelvo al comedor intentando comportarme como una persona civilizada, aunque eso de la civilización es bastante relativo, mi mochila está colgada del respaldo de una de las sillas, saco de ella "LA MUERTE DEL PADRE" a ver si leyendo la autobiografía de otro escritor me ayuda un poco, a las pocas líneas leídas dejo caer el libro sobre el sofá, no necesito leer está noche, lo que necesito es escribir, escribir algo bueno, escribir algo no tan solo para mí, algo que le guste a los demás, algo que les apetezca leerlo, o aunque no les guste, que les remueva por dentro y no los deje indiferentes, pero supongo que este debe de ser el gran sueño (o pesadilla) estereotipado de todo ser con ansias de escribir.

Acabo rindiéndome a la noche, al nerviosismo de la mente en blanco, a mi voz interior recordándome de que no se ni hacer la O con un canuto, mi cuerpo y mi mente llegan al límite, decido dejarlo todo y meterme en la cama, refugiarme el los brazos de esa pequeña muerte que es el sueño para evadirme de mí mismo, pero no me da tiempo a llegar a la habitación cuándo tengo que salir corriendo hacia el baño y clavarme de rodillas en el suelo con la cabeza dentro del inodoro (igual que esos intrépidos domadores del circo que metían la cabeza entre las fauces de los fieros leones manteniendo la más espectacular de sus sonrisas cuándo éramos pequeños) y vomito bruscamente salpicando todo el water y sus alrededores, vomito una y otra vez, incontroladamente, vomito más de lo que físicamente puede haber en el interior de mi estómago, vomito ideas y recuerdos, sentimientos y vergüenzas que se mezclan con los restos de la última cena escurriéndose por la blanca e impoluta porcelana. Me siento en el suelo, temblando, algo mareado y pálido, busco el botón para accionar la cisterna con mis manos temblorosas mientras noto el sabor amargo en mi boca, me recuesto sobre la pared apoyando mi cabeza en esta, el frío de la baldosa en mi sién me recupera un poco, el sonido de la cisterna se apaga quedando solo el ruidito del chorro de agua llenándola, ya puedo acostarme contento, porque por mucho que me esfuerce, esto va a ser lo más poético que me salga esta noche.