le guste a quien le guste


   Un Batman desfasado y con pinta de homosexual le daba caña a una panda de malotes con cara de villanos en el viejo televisor de "El Patio". Aquel maldito bar lo absorbía por completo, y mientras coloridos ¡¡¡PUM!!! y ¡¡¡ZAS!!! llenaban la pantalla entre golpe y golpe, Juan se rascaba la punta de la lengua entre los dientes por el escozor de una hora seguida comiendo cacahuetes salados; estaba harto de esos putos cacahuetes, siempre le irritaban la lengua y la sal le adormilaba el labio inferior hasta el punto de impedirle beber correctamente del morro de aquella San Miguel a temperatura ambiente, pero aquel domingo no había nada mejor que hacer que hincharse a cacahuetes y beber una cerveza tras otra mientras se preguntaba si Batman y Robin se ducharían juntos después de cada pelea, o cuantos calcetines necesitaba Batman para inflar aquel paquete bajo los leotardos lilas. Era eso, o mirarse fijamente a la cara en el espejo que había justo detrás de la barra cubriendo todo el fondo de la estantería de las bebidas, decenas de botellas grasientas y amarillentas por la nicotina concentrada que tapaban su reflejo de barbilla para abajo como un recordatorio de donde iban a acabar tarde o temprano.
   Aquel bar era su infierno personal, era donde su padre se había arruinado toda la  vida intentando batir el récord de vaciar botellines de cerveza uno detrás de otro, y donde él ahora,  a sus 40 años, separado y en paro, había decidido seguir tan gloriosa tradición familiar. Aquel bar no había cambiado nada con los años, los mismos jamones rancios colgados encima de la barra, la misma foto de Samanta Fox en ropa interior (mucho mas amarillenta y desteñida que antes), y el mismo jodido serrín húmedo en el suelo que se pegaba a los zapatos, y sobre todo, el olor, el puto olor a alientos cargados de alcohol y sudor rancio, ese olor que se le había pegado en la ropa, en el pelo, en la piel... incluso cuando cagaba le daba la sensación de que la mierda olía a "El Patio"; si, su infierno personal, su jodido y puto infierno personal.
   Se movió delicadamente sobre el taburete un par de veces para cambiar de posición su fiel compañera de fatigas y viajes, aquella hemorroide que lo torturaba recordándole que la decisión  de vivir a base de una dieta compuesta por tabaco, comida precocinada para calentar en el microondas y alcohol en  cantidades industriales, no era la mejor idea que había tenido en su vida. El taburete chirriaba y crujía en cada cambio postural de su ardiente culo, no encontraba la postura ideal para que aquella hija de puta le dejase disfrutar de su cerveza caliente y su sesión de tarde con "maricabatman" y "putorobin", -No puedo ser tan capullo...-, pensaba mientras no apartaba la mirada de aquel televisor que violaba impunemente todas las leyes de la electrónica al seguir funcionando, -...no puedo usar expresiones como "maricabatman" y "putorobin", soy un gilipollas y un déspota de mierda...-, sus pensamientos giraban a la misma velocidad que hacía girar la botella de cerveza sobre la barra dejando esta una secuencia de circulitos de pequeñas gotas que se sobreponían los unos a los otros, cuando la voz ronca irrumpió despiadadamente, -¿Qué te sucede amigo?, ¿estás inquieto?, es que no paras de bailar sobre el puto taburete y el ruidito empieza a hincharme los cojones-; Juan miro al lado con una expresión de indiferencia que habría irritado hasta al mismísimo papa de Roma, -Perdona tío,  son estos malditos picores de culo, me están matando, me joden más que tenerle que pasar la puta pensión a mi exmujer-, el tipo de al lado no parecía mala persona, la verdad es que lo tenía bastante visto, otro parroquiano más de aquella mísera sacristía. Era un hombre de unos sesenta años (o quizás menos, la gente como ellos no era muy dada a cuidarse mucho), tenía una grasienta melena que le tocaba los hombros, de pelo fino y escaso que le dejaba al descubierto en cada movimiento de cabeza una protuberante frente sudada, cientos de pequeños capilares rojos y entrelazados poblaban la parte central de sus mejillas, unos ojos vidriosos miraban tristemente bajo unos parpados caídos y un vigoroso mostacho cubría  un labio superior extrafino y siempre mojado en una especie de saliva brillante, el resto del  cuerpo era bastante estereotipado,  algo así como el de Homer Simpson pero con camisa de franela desgastada por las axilas.
   -Te tengo muy visto amigo...-, le dijo mientras Juan volvía a su importante misión  de hacer girar la botella sobre si misma verticalmente sin hacerle perder el equilibrio, -...siempre vienes por aquí, todos los días diría yo, y te sientas en este mismo puto rincón sin hablar con nadie, haciendo girar tu jodida botella y sin apartar  la mirada de ese televisor, -¿Acaso eres maricón, hombre? porque esos dos son maricones seguro-, dijo señalando con su temblorosa mano a Batman y Robin que se dirigían sonrientes en el batmóvil hacía la batcueva (-A la ducha chicos- no pudo evitar pensar Juan), -No, no soy maricón- le contestó Juan sin esforzarse en ser agradable ni amistoso, -es que llevo tres años en paro, y eso me deja mucho tiempo libre, el suficiente como para hartarme de mirar mi cara de gilipollas en ese puto espejo e intentar entretenerme mirando a esos dos...-, el hombre lo miró con cara de desprecio mientras intentaba subirse los pantalones estirando de la hebilla del cinturón hacia arriba -El paro, el paro, el jodido paro, solo sabéis quejaros de eso los putos jóvenes, y no me hables de tiempo libre ¿acaso sabes la  cantidad de tiempo libre que tengo yo?, porque yo era policía, ¿me oyes bien?, policía,  ayudaba a la gente y salvaba vidas, ¿lo entiendes?, iba todo el día con mi uniforme impoluto, de aquel marrón que causaba respeto, no como el de ahora,  que parecen todos una panda de marineros maricas con ese estúpido azul, yo era importante, en mi casa, en mi comunidad de vecinos, en mi barrio, todos me miraban y trataban con respeto, pero hace unos años un jefazo decidió que la mezcla de alcohol y antidepresivos no daba buena imagen al cuerpo,  y total, por un par de ostias bien merecidas que le di a mi mujer,  y me retiraron, con pensión eso si, pero me retiraron al fin y al cabo, a mí,  que salvaba vidas y ayudaba a la gente; ¿así qué dígame usted señorito a que se dedica que se sea tan importante como para quejarse por llevar un par de años parado?-, Juan observó como aquel hombre se balanceaba igual que su botella conforme iba perdiendo el impulso, se imaginó su propio aliento mezclándose con el de aquel tipo, y al mismo tiempo haciendo lo mismo con el del resto de asiduos a aquel bar, y no solo eso, también el olor de sus sudores y el de calzoncillos con varios días de uso que llevarían la mayoría de ellos, seguro que aquella era la fórmula de aquel aroma tan particular, el puñetero aroma de "El Patio". -Pero venga hombre, no me hagas esperar, vamos, sorpréndeme hombre importante, ¿a que coño te dedicas tú?-, Juan apartó la vista de aquel pequeño  ser, porque hasta entonces no se había dado cuenta de lo bajo y pequeño que era, miró su reflejo de nuevo en aquel asqueroso espejo, observó sus propias facciones, sus ojos caídos y la comisura de sus labios hacia abajo; -Escritor- contestó de una forma seca, -¿Escritor?- repitió incrédulo aquel hombre mientras un mechón de la melena se le escurría lentamente por la frente, -¿Y has escrito algo importante últimamente?- le preguntó frotándose con una mano el bigote, -No- contestó Juan, -No he escrito nada-; -¿Cómo qué no has escrito nada?, ¿Si dices que eres escritor es por qué algo habrás escrito, digo yo?; -No- contesto Juan sin mirarlo-; -Joder, un libro aunque sea corto, un cuento...; -No-; -...un relato, un poema...-; -No-; -¿Pero me estás jodiendo o es que quieres quedarte conmigo?, un chiste, una maldita felicitación de cumpleaños, ¿algo habrás escrito en tu vida?-; -No-; -Vamos a ver si nos entendemos amigo, porque o yo soy tonto o tú eres retrasado, si dices que nunca has escrito nada ¿por qué cojones dices que eres escritor?-; Juan se tocó el  bolsillo de su pantalón por encima de la tela, apenas notó una mísera calderilla y de sobras sabía que su billetera estaba vacía, -Porque es lo que soy...   ...le guste a quien le guste-, miró a la botella que hacía apenas unos segundos que había dejado de girar, apenas quedaba un par de dedos de cerveza, tan caliente que podría haberla hecho pasar por una muestra de orina, -La noche se presenta larga...-, pensó mientras intentaba arrancar la etiqueta de la botella con la uña, -...y tú amiga, vas a tener que dudar más de lo que te esperabas-.