El lunar de Marilyn

El lunar de Marilyn



-... Esto es por tu bien cielo, no me guardes rencor...

    El sabor a sangre hacía rato que ya no lo sentía, suponía que se había acostumbrado a él después de haber estado tanto tiempo escupiendo flemas sanguinolentas después de cada golpe, pero aun sin notar el sabor, la textura de la sangre coagulándose al mezclarse con su saliba le producía arcadas, hubiera dado su reino por una buen trago de algo fuerte que le ayudase a tragársela o escupirla (llegado a ese punto, tanto le daba que camino tomase aquella grumosa masa de sangre), incluso un baso de agua le hubiera servido, aunque hubiera sido agua de esa rojiza con sabor a metal que sale de las viejas tuberias en desuso, también la habría aceptado.

-...no es culpa mía, tú sabes que me agarra el ataque de celos con solo pensar en ello, ya sabes, otros hombres tocándote y eso...

    Se ponía los pantalones mientras le hablaba sin mirarla, con movimientos torpes y escondiendo barriga para poder abrocharse el botón, ella se levantó despacio, intentando pasar desapercivida, ya había tenido bastante por aquel día. Agarró su ropa interior y se sentó en la cama sin prestar mucha atención a las palabras que le llegaban desde el otro lado.

-... tienes que entenderlo cariño, toda mi dedicación es poder llevarte por buen camino, hacer de ti una mujer de provecho...

    Acabó de abrocharse la camisa y sacó un puñado de billetes arrugados del bolsillo que dejó caer sobre la mesita de noche, ella los observó detenidamente, calculando por el bulto que la cantidad fuera la correcta.

-...bueno tesoro, tengo que irme ya, mi mujer se enfada si llego tarde, y quiero estar a tiempo para poder dar un beso de buenas noches a mi hija, que te parece ¿la semana que biene a la misma hora?...

    La puerta se cerró y ella se dirigió indiferente hacia el cuarto de baño, se miró en el espejo y pudo ver que una manchita de sangre seca le estaba tapando aquel lunar sexy y jugueton que tenía junto a la boca igual que Marilyn.Tenía que ducharse y arreglarse de nuevo, el próximo cliente no tardaría en llamar a la puerta.